El día de ayer, 1 de noviembre de
2011 como eso de las 6 de la tarde, me encontraba haciendo parte de mis múltiples
tareas que tengo por entregar entre el día jueves y viernes y recibí la invitación
de mi prima, que me incitaba a que fuéramos con mis sobrinitos a pedir “calaverita”
al Centro de Chalco, el cual es el municipio al que pertenece el pueblo donde
vivimos y queda aproximadamente a 15 minutos de distancia.
Sin mucho insistirme acepté la
invitación. La petición de mi prima de ir especialmente en ese día no tenía
razón de ser, ya que tradicionalmente se supone que los niños salen a pedir
calaverita a partir del día 2 de noviembre, debido a que se piensa que una vez
que se hayan marchado los muertos o su espíritu, los alimentos, es decir, la
fruta, el pan y los dulces que se les han brindado en la ofrenda que cada hogar
coloca, ya pueden ser donados u obsequiados a los niños que van de casa en casa,
cantando alguna canción dentro de la cual hacen la petición de su afamada y
bien esperada calaverita.
Esto en realidad, si pasa en los
pueblos más cercanos de donde vivo, sin embargo, en el municipio, es decir en
Chalco, debido a la incrementación de establecimientos públicos, esta tradición
se ha ido perdiendo, convirtiéndose en una mezcla de lo que podría ser una
celebración de Halloween y alguna que otra tradición o adepto mexicano, ya que
se puede observar que muchos de los establecimientos se organizaron para
obsequiar a casi todos o la mayoría de las personas, algunos dulces o paquetitos
de dulces que podían tener una variedad indistinta de los mismos, siendo una
cuestión más de Halloween que de día de muertos.
Asimismo, podemos observar que
tanto los establecimientos comerciales como las personas fomentan este tipo de
festejos, ya que la mayoría de la población, sino es que toda sale disfrazada e
incluso, no solo los establecimientos son los que se dedican a dar dulces, sino
que también algunas personas, asociaciones civiles o grupos de recreación, como
lo fue un grupo de motociclistas se colocaron en la calle y regalaban dulces a
todos los niños que pasaban cerca de ellos.
Por otro lado, en cuanto a las
tradiciones mexicanas, o tal vez un poco más de la zona en la que vivo, pudimos
observar las tradicionales “marotas”, las cuales son hombres vestidos de
mujeres, no son trasvestis, y que llevan
música popular, es decir una pequeña bandita con tambor, trompeta y pandero, y
van tocando y bailando, jalando a la población que los observa, a bailar con
ellos.
Es decir, en la actualidad no
sólo en el lugar en donde vivo, sino que en todo el país podemos observar la
forma tan fuerte que se han permeado otro tipo de tradiciones y costumbres
ajenas a las mexicanas, a pesar de que en ciertos lugares, como lo es Mixquic,
que se sigue la tradición de ir a colocar ofrendas al panteón y pasar la noche
en él, este tipo de celebraciones se han ido comercializando poco a poco,
perdiendo su esencia.
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