Hoy vinieron a mi mente muchos
recuerdos de cuando era niña, entre ellos las personas con las que conviví en
mi infancia y las muchas veces que me divertí con ellos a través de juegos y
travesuras. Quizás dichos recuerdos vinieron a mi mente porque lamentablemente
algunas de las personas con las que viví momentos increíbles durante la
infancia, ya no se encuentran cerca de mí, pero a pesar de ello los recuerdos
con mucho cariño y sentimiento ante su ausencia.
Sin embargo, ahora quedan los
recuerdos bonitos acompañados de travesuras, besos y abrazos, como los de mi
abuelo materno, el cual era el abuelo más detallista que nadie pudo haber
tenido, siempre con una sonrisa y un abrazo por dar y con muchas ideas para
jugar y divertirse, por lo cual esta entrada es dedicada a él.
Mi abuelo se llamaba Guadalupe y
murió a los 82 años cuando yo tenía 14 años. Él era un hombre muy alto y
fornido, a pesar de que desde antes de que yo naciera hubiera perdido una
pierna y el sentido de la vista en un accidente automovilístico. Aunque yo lo
conocí en dichas condiciones y el ni siquiera sabía como era físicamente yo,
siempre cuando me abrazaba me decía que era una niña muy grande y fuerte y
solía decirme que también era inteligente.
Uno de los tantos recuerdos que
tengo de él es que le gustaba que lo acompañara a su cita mensual al Seguro
Social, ya que siempre le prestaban una silla de ruedas para poder acceder a la
institución sin las dificultades que le daba el andar en muletas. Lo fascinante
del préstamo de la silla de ruedas es que yo la conducía y en muchas ocasiones jugábamos
antes de que el entrará a consulta.
El juego consistía en llevarlo a
toda velocidad por los pasillos o bien a la hora de salir de la institución, el
paso por las rampas era de lo más divertido, ya que se podían deslizar rápidamente
las ruedas de la silla; en verdad mi abuelo disfrutaba tanto o incluso más que
yo aquellos juegos y en ocasiones cuando no lo acompañaba a su cita, se ponía
triste y enojado con mi tía cuestionándola porque no había llevado a su cita de
cada mes.
Por ello, siempre procuraba
acompañarlo a todas sus citas y jugar el mayor tiempo posible con él. Quizás
por eso cada vez que lo recuerdo siempre se me hace un nudo en la garganta y
pienso en los buenos momentos que vivimos juntos y que siempre recordaré con
mucho cariño.
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