viernes, 20 de abril de 2012

Mi abuelo y yo


Hoy vinieron a mi mente muchos recuerdos de cuando era niña, entre ellos las personas con las que conviví en mi infancia y las muchas veces que me divertí con ellos a través de juegos y travesuras. Quizás dichos recuerdos vinieron a mi mente porque lamentablemente algunas de las personas con las que viví momentos increíbles durante la infancia, ya no se encuentran cerca de mí, pero a pesar de ello los recuerdos con mucho cariño y sentimiento ante su ausencia.

Sin embargo, ahora quedan los recuerdos bonitos acompañados de travesuras, besos y abrazos, como los de mi abuelo materno, el cual era el abuelo más detallista que nadie pudo haber tenido, siempre con una sonrisa y un abrazo por dar y con muchas ideas para jugar y divertirse, por lo cual esta entrada es dedicada a él.

Mi abuelo se llamaba Guadalupe y murió a los 82 años cuando yo tenía 14 años. Él era un hombre muy alto y fornido, a pesar de que desde antes de que yo naciera hubiera perdido una pierna y el sentido de la vista en un accidente automovilístico. Aunque yo lo conocí en dichas condiciones y el ni siquiera sabía como era físicamente yo, siempre cuando me abrazaba me decía que era una niña muy grande y fuerte y solía decirme que también era inteligente.

Uno de los tantos recuerdos que tengo de él es que le gustaba que lo acompañara a su cita mensual al Seguro Social, ya que siempre le prestaban una silla de ruedas para poder acceder a la institución sin las dificultades que le daba el andar en muletas. Lo fascinante del préstamo de la silla de ruedas es que yo la conducía y en muchas ocasiones jugábamos antes de que el entrará a consulta.

El juego consistía en llevarlo a toda velocidad por los pasillos o bien a la hora de salir de la institución, el paso por las rampas era de lo más divertido, ya que se podían deslizar rápidamente las ruedas de la silla; en verdad mi abuelo disfrutaba tanto o incluso más que yo aquellos juegos y en ocasiones cuando no lo acompañaba a su cita, se ponía triste y enojado con mi tía cuestionándola porque no había llevado a su cita de cada mes.

Por ello, siempre procuraba acompañarlo a todas sus citas y jugar el mayor tiempo posible con él. Quizás por eso cada vez que lo recuerdo siempre se me hace un nudo en la garganta y pienso en los buenos momentos que vivimos juntos y que siempre recordaré con mucho cariño.

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