domingo, 11 de marzo de 2012

Bicicleta abordo


Después de haber dedicado casi todo el fin de semana a la elaboración de mis bibliografías comentadas para la clase del día martes, he decidido darme un descanso de unos cuantos minutos, sin embargo, a pesar de que tenía muchas ganas de dar un paseo en bicicleta, esto será imposible, ya que como diría la canción: “parece que va llover, el cielo se está nublando…” ¡jajaja!.

Por tal motivo he decidido permanecer en mi hogar y posponer la salida, aunque he de confesar que pensé muchísimo en salir o no. Tal vez si tuviera unos años menos, y no es que ya tenga una edad avanzada; y menos responsabilidad, me iría sin pensarlo dos veces o tres o cuatro veces el dar un paseo vespertino en bicicleta aún bajo la lluvia.

Cuando era más niña y a mis inicios de mi adolescencia, solía andar todas las tardes en bicicleta, como recordarán siempre he vivido en un pueblo, lo cual me permitió realizar actividades físicas al aire libre y sin preocupación alguna de que un automóvil fuera a atropellarme. No miento al decir, que tenía una rutina diaria de salir a andar en bici, mi afición por las bicicletas era tanta que recuerdo que cada año “Los Reyes Magos”, me regalaban una bicicleta nueva de acuerdo a mi estatura y a mi edad.

 Mis paseos en bicicleta eran toda una aventura, en especial cuando llovía porque me gustaba pasar lo más rápido que podía por los charcos y mojarme, también me gustaba pasar entre los pequeños espacios que hay entre los topes y las banquetas; y me gustaba competir con mis primos en quien era el que llegaba más rápido a determinado lugar. Todo lo anterior era muy divertido para mí, ya que me divertía muchísimo con mis primos, tal vez porque siempre han sido mayores que yo y los retos eran mayores.

Independientemente de la diversión que me causaba el andar en bicicleta, tenía razones poderosas para salir de paseo, una de ellas es que tenía un compañero de paseos, el cual se llama Benny y fue como mi primer amor, por chusco que pueda sonar, así fue, solo que nunca fuimos novios, tal vez éramos muy inocentes o muy penosos o no sé, pero sólo nos sonrojamos al vernos y nos sonreíamos, tal vez en ocasiones dichos gestos eran una señal de simpatía y en algunos otras ocasiones era señal de que la travesía en bicicleta empezaba.

A los dos nos gustaba andar en bici, sin embargo, con el tiempo y nuestras ocupaciones, como el hecho de que iniciamos nuestra educación media superior, nos fueron separando de nuestras bicicletas y de nuestros paseos diarios. Y ahora en la actualidad, no damos ni un paseo ni en bicitaxi ¡jaja!, tal vez porque yo casi no estoy en mi casa y porque él ya se encuentra casado.

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