Tal como lo había comentado la
entrada pasada, mi día viernes no pintaba del todo bien, aunque he de confesar
que tenía las esperanzas de las pocas horas que quedaban del día resultaran
mejor que las que ya habían transcurrido, lo cual no fue así y les contaré
porque.
Al salir de la clase de
Seminario, las cosas parecían componerse, finalmente mis clases habían
terminado y me podía dirigir hacia mi hogar con toda tranquilidad y felicidad a
pesar del largo trayecto que me toca recorrer a diario, sin embargo, al salir
de la clase, me encontré con una amiga que vive más o menos cerca de donde yo
vivo y por la cual asiste diariamente su papá a recogerla a la Facultad, después de salir de trabajar.
En el momento en que me la encontré
ella me ofreció, cortésmente, que si quería irme con ellos, es decir, darme un
ray a mi casa, lo cual acepté gustosamente sin ninguna duda o complicación, ya
que es muchísimo más relajante y placentero que el ir de transborde en transborde
en el transporte público. Pero quizás este es el único detalle bueno, después
de lo que se veía venir.
Una vez ya sentada plácidamente en
su camioneta, su papá empezó a cuestionarme acerca de cuáles eran mis planes
para dentro de una año que acabara la carrera y sobre que iba a ser la tesis, a
lo que yo respondí que mi plan inmediato al termino de los créditos y materias obligatorias,
seguiría trabajando en la elaboración de mi tesis y pensaba hacer algunas prácticas
profesionales o alguna otra actividad que me permitiera seguir desarrollando su
tesis.
Mi respuesta no le gusto mucho
que digamos al señor, sin embargo, la siguiente pregunta que me hizo fue lo que
realmente desato su inconformidad y mi incomodidad, ya que me cuestionó sobre de
que iba a hacer la tesis, y al responde que sobre las políticas de integración
hacia la comunidad musulmana, él me cuestiono que cual era la utilidad de mi
tema, si en verdad servía para la carrera y que si no era mucho mejor que
realizará mi tema sobre cuestiones económicas o negocios internacionales. Siendo
importante el señalar que el señor es contador.
Asimismo, también me dijo que
para que quería titularme, si al él, únicamente dos veces en su vida laboral
había ocupado su cédula profesional, que lo que más te piden es experiencia laboral
no tu tesis o tu título, y que si toda mi vida quería ser estudiante. La
situación anterior realmente me molesto un poco, sin embargo, creo que tuve las
palabras correctas para lidiar con su forma de pensar y con la actitud agresiva
y burlona que tuvo hacia mí, por querer titularme.
Pese a que como ya lo mencioné si
me molesto mucho sus comentarios, aprendí una lección en ese día la cual fue
que en la vida nos vamos a encontrar siempre buena o malas opiniones, sin
embargo, siempre se debe de sacar algo bueno de todo y por ejemplo en este
caso, pude percatarme que siempre que yo me encuentre segura sobre mi tema de
tesis, y que cuente con el apoyo de personas que comparten el mismo sentido de
convicción, no habrá opinión mala que me haga cambiar de opinión o de
decisiones.
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