Durante mis primeras semanas del semestre me ha pasado de todo un poco, tanto cosas agradables como sucesos no tan agradables. Primero que nada, durante este semestre mi horario rompió record, me refiero a que nunca había entrado tan temprano a clases, si bien es cierto que el año pasado tomaba clases a las 9 de la mañana, este semestre entro a las 8:30 a mi fabulosa clase de francés, la cual a pesar de que es muy temprano, me agrada mucho, ya que tengo un buen profesor que es muy amigable y a compañeros de grupo que son joviales y risueños, tanto que a pesar de que la mayoría de ellos cuenta con un muy buen nivel de inglés y con una fonética mayor al nivel de francés que se supone que deberían de tener, que cuando alguno de los otros compañeros, incluyéndome a mí, tenemos alguna deficiencia, ya sea en vocabulario o pronunciación, tienden a ser respetuosos e incluso a ayudarte.
Asimismo, mis clases en la facultad todas me agradan y alguna que otra la disfruta más que las demás, pero no entrare en detalles para no quedar como grosera o barbera ¡jaja!
Quizás mi único suceso desagradable, aparte del tránsito que está a reventar por la entrada de los niños de la primaria y secundaria, ha sido que el primer viernes de clases: me dirigí a la Biblioteca Central a buscar un material que requeríamos para la clase de África, el cual no encontré, tuve la desgracia, si así se le podría llamar, de que al subir al camión de la Ruta 1, de tanta gente que iba, no pude quitarme la mochila y cuando iba aproximadamente por la Facultad de Economía pude quitármela y lo primero que busqué fue mi IPod, el cual jamás volví a encontrar, es decir, me lo robaron; no sé quién ni en qué momento, sólo sé que fue al subir al camión y que fue en ese pequeño trayecto, ya que antes de subir y de salir de la Biblioteca Central aún lo tenía conmigo.
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