Tal como lo dice el título de esta entrada, hablaré acerca de los miedos o mejor dicho de mis miedos. Aunque en esta ocasión no hablaré de los miedos que tengo alrededor de mi tema de tesis y de la elaboración de la misma, hablaré acerca del miedo, quizás uno de los más grandes que siempre tuve, el cual era el miedo al agua, es decir, el miedo a las albercas y cosas referentes a natación.
Cuando era pequeña, exactamente cuándo iba en mi primer año de la primaria, una amiga de la primaria me invitó a su casa a jugar. Sin embargo, dentro de los planes de convivencia estaba el nadar, cabe señalar que yo no sabía nadar y no me llamaba la atención ni mucho menos tenía algún miedo de intentarlo, por lo cual en mi casa me permitieron ir a la casa de mi amiga y me prepararon todo lo necesario para nadar.
Recuerdo que al llegar a su casa, yo me encontraba tranquila y feliz, como cualquier niña que tiene algún acercamiento más, fuera de la escuela con sus amigas de la escuela. A pesar de ello, recuerdo que cuando observe la magnitud de la alberca, no sé si sí era realmente enorme o mi edad y mi imaginación hacían que la percibiera de esa forma, me causaba tal sensación de miedo y de angustia que aunque si accedí a meterme a ella, no quise moverme de la orilla de la misma.
El impacto que tuve ante la magnitud de la alberca, dejó notar el miedo y la inseguridad que tenía, por lo que después de un tiempo transcurrido, en el intento de jugar e interactuar con mis demás compañeritas tuve un incidente, es decir, estuve a punto de ahogarme. Dicho suceso y el miedo que tuve en ese momento me marco totalmente, ya que posteriormente en mi casa me incitaban a que tomara clases de natación o algo referente a dicha actividad y nunca quise acceder, siempre acudía a ver las instalaciones de las escuelas de natación y cosas por el estilo, pero nunca me decidí, siempre el miedo o inseguridad podía más que yo.
Sin embargo, durante estas vacaciones de verano, tomé la iniciativa y el valor necesario para decir: “Esta bien, tengo que intentarlo” , y así fue, me decidí y empecé a ir a clases de natación, las cuales al inicio eran un tanto vergonzosas, lo he de confesar, ya que aunque durante el horario que asistía todos los asistentes eran mujeres, ellas eran más chicas que yo y ya no requerían de ningún instrumento de apoyo, es decir, ni de flotador, ni de tabla, ni de popote; cosas de las cuales yo requería para aprender.
A pesar de que si me causaba un poco de pena y sobretodo miedo, éste no pudo más que mis ganas de aprender a nadar y mis ganas por dejar atrás dicho miedo e inseguridad. He de confesar que si fue un tanto difícil para mí, pero al fin de todo, el miedo no pudo más que yo y aunque ahora no soy toda una experta, me siento satisfecha en haber aprendido a nadar y en haber roto con ese miedo que tanto sentía, convirtiéndose así en un logro en mi vida.
Aunque quizás para muchos esto sea algo tonto y absurdo, creo que es importante destacar que cada uno de nosotros tenemos miedos, inseguridades o fobias que en ocasiones nos complican la vida o ciertas etapas de ella, y que aunque para nosotros sea como el luchar contra un mar, para otros son cosas simples y sencillas que se pueden solucionar rápidamente, pero que lo importante no es que tan grande sea el conflicto en el que te encuentras y temes, sino que lo importante es el vencer dichos miedos y obstáculos.